Del sufrimiento comparativo a la empatía en la crisis actual

Cuando nos enfrentamos a situaciones de estrés, aparece el fenómeno del sufrimiento comparativo, especialmente durante la crisis de la Covid-19.

¿Qué debemos hacer cuando ocurre esto? A continuación, os presentaremos la sabiduría de Brené Brown, una investigadora de renombre que ha pasado las últimas dos décadas estudiando el valor, la vulnerabilidad, la vergüenza y la empatía.

Cuando nos encontramos en una situación de escasez, pérdida o miedo, debemos prestar atención a nuestros sentimientos y dejar de compararlos con los de otros: quién tiene más, quién tiene una vida mejor, qué hacen y qué no puedo hacer yo. Lo peor de estas comparaciones, creadas por la escasez y el miedo, es que ni nuestro propio dolor es inmune a este escrutinio y, sin siquiera pensarlo, empezamos a catalogarlo en un ranking que usamos para negar nuestros sentimientos. «No puedo sentirme decepcionado por la cancelación de mi graduación ahora mismo; ¿quién soy yo para estar triste por no poder tener una ceremonia cuando hay gente muriendo? No puedo preocuparme por mi salud cuando hay otros mucho más enfermos que yo. No tengo derecho a preocuparme por mis hijos porque hay niños sin hogar que no tienen dónde dormir esta noche. ¿Por qué debería estar cansado y enfadado si tengo un trabajo mientras muchos otros no?». Lo comprendo: yo misma lo hago, pero no es así como funcionan las emociones o el afecto.

Las emociones no desaparecen simplemente porque les mandemos un mensaje diciendo: «Estos sentimientos son inapropiados y no cuentan con los puntos suficientes para aparecer en el ranking del sufrimiento. Por favor, elimina cualquier sentimiento sobre esta cuestión porque no estás sufriendo lo suficiente. Muchas gracias». Esto no funciona así. Cuando negamos nuestros sentimientos, estos se duplican, se metastatizan y no solo se hacen más fuertes, sino que también invitan a la vergüenza, porque ahora pensamos: «Soy una mala persona porque estoy triste, asustado, solo, frustrado, decepcionado o molesto mientras otros están pasando por situaciones peores».

Esta es una actitud peligrosa y explicaremos por qué a continuación.

 

El Mito del Sufrimiento Comparativo

El mito del sufrimiento comparativo proviene de la creencia de que la empatía tiene un límite: es como una pizza con ocho porciones, así que cuando tenemos empatía por alguien, incluso por nosotros mismos, queda menos para repartir con los demás. Por lo tanto, si soy amable y afectuoso conmigo mismo sobre estos sentimientos, me estoy dando permiso para sentirlos y darme recursos y energía para cuidar de ellos; entonces tendré menos para dárselo a la gente que de verdad lo necesita, como los trabajadores de la salud en primera línea de fuego, o los trabajadores de supermercados, o los repartidores. Cuando tenemos empatía por nosotros mismos, tenemos menos empatía para los demás porque esta es finita. FALSO, FALSO.

Cuando tenemos empatía por nosotros mismos y los demás, creamos MÁS empatía. El amor es lo último que deberíamos racionar en el mundo en estos momentos. La doctora exhausta en Urgencias no obtiene beneficio alguno si servimos nuestra empatía solo para ella y nos la negamos a nosotros mismos y a nuestra compañera que ha perdido su trabajo. La mejor forma de asegurarnos de que tenemos una buena reserva de compasión y empatía para los demás es escuchar a nuestros propios sentimientos.

 

¿Empatía? ¿Vergüenza?

Expliquemos cómo funcionan la vergüenza y la empatía: en primer lugar, tenemos que entender que la empatía es el antídoto para la vergüenza. Si apartamos la vergüenza y la mantenemos en secreto, silenciándola y criticándola, esta empezará a crecer exponencialmente por todos los rincones de nuestra vida. Si, por el contrario, la cubrimos con empatía, la vergüenza no podrá sobrevivir. La empatía crea un entorno hostil para la vergüenza.

La empatía es una emoción interesante porque se basa en los sentimientos de otros; dirige nuestra atención hacia el exterior, hacia las emociones de otra persona. Cuando hacemos un uso real de la empatía, centramos toda nuestra atención en el otro e intentamos comprender su experiencia. Solo pensamos en nuestra experiencia para ver cómo puede esta ayudarnos a entender por lo que está pasando otra persona. Es por ello que, para tener empatía por alguien, no necesitamos haber experimentado lo mismo que ellos; simplemente tenemos que ser capaces de relacionarlo con algo que pueda llevarnos a un sentimiento similar.

La vergüenza es una emoción muy egocéntrica: nos hace centrarnos en nosotros mismos y nuestra única preocupación es cómo nos juzgarán los demás. La vergüenza y la empatía son incompatibles e inversamente relacionadas. Cuando sentimos vergüenza, esta se impone a la capacidad de pensar en los demás, haciéndonos incapaces de tener empatía por ellos o de procesar información sobre su experiencia a menos que esta esté específicamente relacionada con nosotros. Por ello, tenemos que dejar de puntuar nuestro sufrimiento en un ranking, ya que hay amor y empatía suficiente para todos. Despreciarnos porque tenemos problemas mientras nos encontramos en una mejor situación que otros puede llegar a matar nuestra empatía.

 

 

Perspectiva: una Función de la Experiencia

En estos casos, tener perspectiva es muy útil. Quejarnos no es malo; tenemos que permitirnos sentir estas emociones fuertes para poder empatizar con otros, pero tenemos que hacerlo con un poco de perspectiva. El dolor está ahí y, cada vez que respondemos a nuestros problemas y los de otros con empatía, el proceso de curación que trae consigo nos beneficiará a todos.

Tengo un consejo muy útil para padres, profesores y gente que trabaja con niños: la perspectiva es una función de la experiencia. Como su mundo es más pequeño, los niños pueden sentir que este se está acabando. No tienen la experiencia necesaria como para tener una perspectiva global y comprender del todo lo que está pasando; lo que podemos hacer es permitirles experimentar estos sentimientos y, lo más importante, ser valientes y que nos vean sentir estas emociones.

Abandonemos la comparativa del sufrimiento. No es el momento de clasificar y puntuar el dolor, la rabia, el sufrimiento y el miedo. Debemos hacerle caso, tratarlo con amor para que desaparezca y llenar el mundo de empatía.

Fuente: Podcast de Brené Brown

 

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